Con Sabor a Villemajou: La Forge

La Forge era la parcela de tierra favorita de Georges Bertrand, hogar de viñas centenarias de cariñena y syrah viejo. Desde su primera cosecha, triturando la uva y paseando las hileras con su padre, Gérard Bertrand sintió la calidad de la piel y los taninos que la edad de las vides otorga a las uvas que nacen de ellas. Al lado de su padre, aprendió la búsqueda de la excelencia en la atención a los mil y un detalles.

“Si quieres hacer un surco recto, engancha tu arado a una estrella”, dijo Guy de la Rigaudie, y esta es la búsqueda de Gérard Bertrand para continuar el trabajo iniciado por su padre: “La Forge es la verdadera alquimia de las uvas y el terroir y todo lo que conozco hoy. Es diferente a cualquier otro y revela la personalidad de Georges Bertrand”.

Un elixir de color cereza oscuro maduro, en nariz luce fragancias de fresas silvestres, regaliz y flor de clavo. Este vino en boca revela un total equilibrio entre frutas y especias, y un toque de salinidad prolonga la acidez en boca y sugiere un inmenso potencial de envejecimiento. Luce total coherencia y riqueza en el final, donde todos los matices aromáticos de las cerezas –fruta, tarta, mermelada– destacan sobre un horizonte de cacao, almendras tostadas y pan de especias.

Con 92 puntos en el Robert Parker Wine Advocate La Forge fue calificado con 17/20 en la guía Bettane & Desseauve y es un homenaje al padre de Gérard Bertrand, que amaba esta parcela de viñas viejas de cariñena, algunas de las cuales tienen más de 100 años.

El nombre “Fragua” proviene del catastro, en el solar se pueden encontrar todos los elementos necesarios para la fragua: madera para el fuego y agua para enfriar el metal con una gran plenitud, en boca revela aromas potentes y elegantes, que evocan los frutos rojos “comprimidos”. Es un gran vino con un alto potencial de guarda de hasta 20 años y reflejo de la excelencia del terruño de donde proviene.

El vino es de la casa Villemajou, Villa Major, una villa romana que le debe su reputación a la poetisa latina Sidoine Apollinaire que cantó sobre la calidad de los vinos de la finca ya en el siglo V. En 1973, Georges Bertrand compró el Domaine de Villemajou y en 1975, llevó a su hijo Gérard, entonces de diez años, a hacer su primera cosecha. “Tienes suerte”, le dijo, “cuando tengas cincuenta, tendrás cuarenta añadas de experiencia”. “Tenía tanta razón”, sonríe hoy Gérard Bertrand. Porque la aventura empezó aquí, en Villemajou, en el terroir de Boutenac.


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