Un viaje en el tiempo: High Tea en Pendray Inn

En la fascinante ciudad de Victoria, donde el aire parece contar historias de antaño, me adentré en un mundo que parece detenido en el tiempo. El Pendray Inn & Tea House, antes conocido como la Mansión Gatsby, se alza con su encanto victoriano, envolviéndome en su elegancia sin esfuerzo, como un susurro antiguo. Al cruzar su umbral, cada rincón, cada mueble, parece susurrar relatos de épocas pasadas, mientras el servicio impecable me guía a través de este refugio de nostalgia.

El High Tea en el Pendray Tea House es una experiencia que trasciende lo cotidiano. El aire tranquilo, cargado de la fragancia del té recién hecho, se mezcla con la suave música del pasado, creando un ambiente de paz que invita a la relajación. En la mesa, las delicias se despliegan como pequeños tesoros: tiernos scones, dulces que se deshacen en la boca y una selección de platillos salados que equilibran la dulzura con su sabor profundo. Todo se presenta en una torre de tres niveles, cada uno una pequeña obra de arte, un reflejo de la tradición y el cuidado con el que cada elemento ha sido preparado. Al tomar una taza de té, siento como si el tiempo se ralentizara, como si cada sorbo me acercara un poco más a la esencia de la historia que emana de las paredes de este lugar.

Al elegir el Scottish High Tea, me adentré aún más en la elegancia rústica y robusta de Escocia. El té por la tarde se convierte en una velada completa, una celebración de sabores intensos y delicados por igual. Los tiernos bocados salados, los scones recién horneados y los dulces de temporada me ofrecieron una sensación de abundancia y calidez, como si el alma misma del lugar se derramara en cada plato. El toque perfecto lo aportan las opciones de cócteles y cervezas locales, que convierten la experiencia en una sinfonía de sabores, acompañada de un cielo de atardecer que pinta todo de tonos dorados.

Al terminar, con la suavidad del té aún en los labios y la calidez de la tarde abrazándome, me quedé un momento más, observando la paz que solo un lugar como Pendray puede ofrecer. En ese instante, comprendí que más allá de una simple comida, lo que viví fue un pequeño viaje en el tiempo, una conexión con una era de refinamiento y tranquilidad, donde cada detalle, desde el té hasta la compañía, se convierte en parte de una experiencia que permanece en el corazón mucho después de haber dejado el lugar.


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