
Mérida tiene una manera muy particular de revelar sus encantos. Detrás de antiguas fachadas, patios y casonas que han formado parte de la historia de la ciudad, aparecen espacios que consiguen reinterpretar el pasado desde una mirada completamente contemporánea. Hotel Sevilla, la más reciente propuesta de Grupo Habita, acaba de recibir una Llave Michelin, un reconocimiento que celebra precisamente esa capacidad de transformar una propiedad histórica en una experiencia de hospitalidad con identidad propia.
La historia del hotel comienza mucho antes de su apertura. La casona, construida en el siglo XVI como residencia privada y posteriormente convertida en hotel, llegó a manos de Grupo Habita prácticamente en ruinas. Durante siete años se trabajó en su recuperación, conservando la fachada colonial y buena parte de la distribución original, mientras se incorporaban nuevos elementos arquitectónicos capaces de dialogar con lo existente. El resultado es una interesante conversación entre épocas: lo antiguo permanece visible y lo contemporáneo se expresa con fuerza.
Esa dualidad se percibe desde la llegada. El lobby, luminoso y sereno, combina pisos de piedra, muros encalados y un mostrador de concreto que establece desde el primer instante el lenguaje del hotel. Desde ahí, una ventana enmarca el patio central, corazón social de la propiedad, donde cuatro almendros proporcionan sombra a la cantina mexicana y una espectacular escalera de concreto en espiral conduce hacia el bistró.

La arquitectura está precisamente en los detalles. Los diseñadores Christoph Zeller e Ingrid Moye, del estudio Zeller & Moye, junto con Salomón Sacal, decidieron conservar elementos originales de la casona y diferenciar claramente las nuevas intervenciones. El concreto se convierte así en una especie de hilo conductor de los espacios contemporáneos, desde la piscina y el bar hasta la escalera y algunas zonas del spa. El resultado evita que lo nuevo pretenda imitar lo antiguo y permite que ambas épocas convivan con personalidad propia.
Me gusta especialmente esa manera de recuperar un edificio histórico. En lugar de convertirlo en una pieza congelada en el tiempo, Hotel Sevilla le devuelve vida. Los corredores, los techos de madera tropical y las antiguas puertas conducen hacia 17 habitaciones y cuatro suites, todas diferentes en forma y dimensiones, aunque unidas por una misma paleta de materiales. Pisos de cerámica inspirados en los tradicionales de las casas yucatecas, maderas locales, textiles de henequén y piezas de diseño mexicano crean espacios contemporáneos que conservan una conexión evidente con Mérida.
Uno de los grandes aciertos está precisamente en esa sensación residencial. Hotel Sevilla tiene algo de casa privada, de refugio íntimo dentro del movimiento del centro histórico. La vegetación aparece constantemente y los patios permiten que la luz y el aire formen parte de la experiencia. En una ciudad donde caminar es también una manera de descubrir, su ubicación permite salir y encontrarse rápidamente con algunos de los grandes atractivos del centro de Mérida.

Recibir una Llave Michelin es, en ese sentido, un reconocimiento a una historia de transformación. A una casona que tuvo una segunda oportunidad y que hoy vuelve a formar parte de la vida de Mérida desde una perspectiva completamente nueva. Entre patios, concreto, madera, vegetación, sabores mexicanos y ecos de su pasado colonial, Hotel Sevilla demuestra que preservar una historia también puede significar darle una nueva vida. Y en el corazón de Mérida, esa combinación resulta especialmente seductora.
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