
Aptamente nombrado como el Estado Surrealista de México, San Luis Potosí parecería existir en otro universo, en nuestras mentes, en nuestros sueños… su corazón, la Huasteca Potosina, nos hipnotiza con su belleza natural, con su alma auténtica, con el tierno canto de sus aves y los colores sorprendentes, increíbles, de sus cascadas y ríos. Surreal en todos los sentidos de la palabra, la Huasteca es una obra de arte viva, vibrante, que con cada paso nos sumerge en su magia.
Comenzó nuestra aventura por esta tierra de agua, azúcar y adrenalina en la cascada Salto del Meco, dentro de la región del Naranjo. Aguas turquesas, casi verdosas, brillan bajo el sol en una caída 38 metros, cobijada de exuberante naturaleza. Explorándola en paddle board, en un barco de remos, balsa, o desde la comodidad del restaurante del hotel Huasteca Secreta, esta cascada y sus exóticos alrededores son un remanso de paz, color y luz.

Fue aquí donde pasamos la noche, en el hotel Huasteca Secreta, bajo un cielo estrellado y entre los destellos de loas luciérnagas. Con espirito aventurero, el hotel nos sumerge en el impactante destino donde se encuentra, con nuestro bungalow a unos pasos de las coloridas aguas del río El Salto. Diseñado para desconectarnos del bullicio citadino, en este edén natural nos dejamos llevar por la música de los pájaros y el viento al mecer las hojas de los altos y antiguos bambús.
Al día siguiente, una escalera panorámica a lo alto del cañón nos lleva al restaurante panorámico de Huasteca Secreta. De aquí zarpamos en búsqueda de más surrealismo. Nuestro siguiente destino fue la cascada Minas Viejas, donde el fino sedimento de las rocas pinta las tranquilas aguas de blanco, contrastando con el vivo verde de la vegetación y el café claro de las imponentes paredes del cañón.

En la cascada Micos fuimos participes de aventuras inolvidables, atravesando las altas copas de los arboles y sobrevolando los impactantes colores del río desde una serie de largas tirolesas. Después, nos subimos a una bicicleta voladora, balanceada en un cable fino 80 metros sobre cascadas – la adrenalina hizo nuestros corazones latir en sintonía con las torrenciales caídas del agua.
A travesando plantíos de caña de azúcar y espectaculares vistas a cierros, bosques y cañones, nos dejamos enamorar por la magia surreal de San Luis Potosí, por su alma inconfundible que atrae, que seduce y que nos incita a volver.
