
En el corazón vibrante de la Roma Norte, entre calles que guardan secretos de la ciudad, descubrí un refugio donde la cocina se despoja de pretensiones y se entrega con sencillez. El restaurante Trillo es una promesa de disfrutar, de compartir, de rendirse a la magia de los sabores que emergen de las manos de un chef que lleva en su alma la esencia de Sinaloa, de su madre cocinera y de un mar que siempre ha sido su compañero. Aquí, las recetas del creativo chef son invitaciones a una conversación entre amigos, donde cada plato tiene algo que contar, algo que ofrecer.
Cada bocado en Trillo es un viaje, una danza de sabores que cambian con las estaciones, como si el tiempo mismo se sentara en la mesa. Los calamares rellenos de chicharrón prensado son un recuerdo crujiente de tierras lejanas, una sorpresa en el paladar que nos remite a la tradición y a la audacia de un chef que ha aprendido tanto en Monterrey como en París. Los tacos de frijoles puercos, con pork belly rostizado y jaiba frita, son una celebración de lo auténtico, un abrazo de ingredientes que saben a hogar, a calidez, a la tierra misma que vio nacer al chef.

Cada plato que surge en Trillo es una historia que toma forma sobre el plato, un homenaje al mar, a la tierra, y a la herencia que el chef Andrés Trillo lleva con orgullo en su corazón; el menú, su autobiografía. La cocina aquí no se viste de lujo ni de artificio, sino de un amor profundo por lo que es genuino, lo que se comparte entre risas y buenas charlas. Es un espacio donde los amantes del buen comer nos sentimos parte de algo más grande, donde cada plato es una conversación, una caricia al alma y al paladar.
El sabor se convierte en una celebración de contrastes y texturas con los ravioles con foie gras. Al probarlos, es como si el tiempo se detuviera un instante, sumidos en la suavidad de la pasta y el lujo untuoso del foie gras que se deshace en la boca. Cada bocado es un suspiro, una sinfonía de sabores que se entrelazan con elegancia: el relleno, delicado y cremoso, se fusiona con el caldo sutil que lo acompaña, creando una experiencia gastronómica que trasciende lo ordinario. Estos ravioles son un homenaje a la excelencia, a la técnica y a la pasión que el chef Andrés Trillo pone en su cocina, una invitación a disfrutar de lo mejor de la tradición y la innovación en un solo plato.
En Trillo, el ambiente se llena de una calidez tranquila, donde las largas sobremesas se convierten en memorias compartidas y donde la comida deja de ser solo sustancia, para convertirse en un lenguaje que habla sin palabras. Aquí, lo que importa es el sabor, la autenticidad, y el deseo de disfrutar cada momento sin prisas. Porque en Trillo del Chef Andrés, la verdadera esencia está en la conexión, en el compartir, en la vida misma que se despliega en cada plato.
