
Hay lugares que nacen de una visión. De un amor por la belleza, por la perfección artesanal, por los placeres simples que, bien ejecutados, se convierten en arte. Así nació Franco’s, el bar más emblemático de Positano, como un homenaje viviente a Franco Sersale, el alma estilística detrás de Le Sirenuse. Hoy, una década después de su apertura, este rincón de ensueño celebra diez años de brindar lo mejor de la dolce vita frente a una de las vistas más cautivadoras del mundo.
Fue en la primavera de 2015 cuando Franco’s abrió sus puertas por primera vez. Lo que antes era un modesto estacionamiento fue transformado, con pasión y precisión, en un refugio de sofisticación sin estridencias. Franco Sersale, quien falleció a los 87 años mientras hacía lo que más amaba —viajar— dejó su huella en cada detalle de este proyecto. Fue él quien propuso que el muro frente al mar no obstruyera la vista, sino que la celebrara: dos curvas suaves, salpicadas de paneles de vidrio, que enmarcan el Mediterráneo como si fuera una obra de arte.
Cada elemento de Franco’s fue elegido con un amor palpable por lo auténtico. El suelo, cubierto con azulejos blancos nacarados creados por los artesanos de Fornace De Martino, refleja la luz de Positano como un espejo líquido. La fuente escultural de Giuseppe Ducrot, esculpida en barro refractario, se alza como un poema en movimiento. Los muebles exteriores, diseñados por Paolo Calcagni, evocan la elegancia funcional del cine clásico. Incluso los espejos de los baños, cubiertos con versos gráficos del artista Karl Holmqvist, aportan un guiño contemporáneo al conjunto.

Pero si algo define a Franco’s, más allá de su estética, es su devoción por el arte de la coctelería. Aquí no hay cenas, no hay menús extensos ni ostentación innecesaria. Solo tragos perfectamente equilibrados servidos con discreta elegancia. Es un lugar donde uno no come, sino que saborea. Donde, como en una escena de Mastroianni, la copa en la mano sustituye cualquier platillo. Donde incluso quienes prefieren abstenerse del alcohol encuentran placer en sus sofisticados Free Spirits, creaciones sin alcohol que no escatiman en complejidad ni carácter.
El ambiente es libre, sin listas de espera ni reservas anticipadas. A veces hay fila, sí, pero incluso eso tiene su encanto cuando te ofrecen un helado artesanal de bienvenida o unas almendras saladas mientras esperas. Porque cada momento en Franco’s está pensado para el disfrute, la contemplación y el asombro.
Diez años después, Franco’s sigue siendo un faro de estilo en la costa amalfitana. Un punto de encuentro para viajeros de todo el mundo que buscan algo más que un trago: buscan una experiencia. Una vibración. Una manera de estar en el mundo que honra el pasado con una elegancia atemporal.
