
Llegar a Tobira Onsen Myojinkan es cruzar un umbral invisible. El camino serpentea entre montañas que parecen custodiar un secreto antiguo, y el vapor que asciende desde la tierra anuncia, incluso antes de ver el ryokan, que aquí el tiempo se comporta de otra manera. Al abrir la puerta, un aroma mineral y cálido envuelve los sentidos: agua, madera, piedra. Es la promesa de un lugar donde el silencio presencia plena.

El tatami bajo los pies invita a moverse despacio, casi con reverencia. Desde las ventanas, los bosques abrazan el edificio como si siempre hubieran estado ahí para protegerlo. El aire húmedo, cargado de hojas y musgo, parece limpiar los pensamientos antes de que logren asentarse. Sumergirse en los onsen es rendirse al ritmo de la montaña: el cuerpo se disuelve en el agua caliente, el vapor asciende como una danza suave, y cada burbuja recuerda que existe un espacio donde todo puede ser ligero, donde la respiración encuentra su compás natural.
Ubicado en un parque cuasi nacional y miembro de la prestigiosa colección de hoteles Relais & Châteaux, Tobira Onsen Myojinkan seduce por una excelencia discreta, casi invisible. Pasear por los senderos del ryokan, entre árboles cubiertos de musgo y arroyos que apenas se dejan oír, es un ejercicio de atención plena.
Tobira es un territorio mítico. Según la tradición, esta zona es el escenario de la leyenda de Ama-no-Iwato, uno de los relatos fundacionales del sintoísmo japonés. Se dice que aquí, en la meseta de Myojindaira, los dioses visitaban las aguas termales para sanar cuerpo y espíritu, y que tres dioses dragón protegen estas montañas y a quienes las habitan.

La leyenda cuenta que la diosa del sol, Amaterasu, se ocultó en una cueva —Ama-no-Iwato— tras los desmanes de su hermano Susanoo, sumiendo al mundo en la oscuridad. Los dioses lograron atraerla fuera mediante danza, risa y astucia, devolviendo la luz y la vida a la tierra. Se dice que Tajikarao-no-Mikoto, el dios de la fuerza, ocultó la puerta de roca de la cueva en esta región de Shinano (actual prefectura de Nagano) y que, agotado, sanó sus fuerzas en las aguas termales de Tobira, confiando su protección a los dioses dragón del lugar.
Esta espiritualidad impregna incluso los espacios privados. Las habitaciones Zen se conciben bajo el principio de “just as it is”: tal como es. Musgo, arroyos, cuevas y mitos locales inspiran su diseño. Destaca el Western Zen Spaliving, una serie culminada en 2021: cuatro habitaciones que integran el espacio de spa con el área de estar. El onsen está diseñado para que el agua caliente descienda como si viniera del cielo, evocando las aguas en las que los dioses se curaban. Luces tenues, arte de madera flotante y musgo invitan a sumergirse, apagar el mundo exterior y meditar hasta reencontrarse con el propio centro.
Japón es, ante todo, un país de aguas termales. Los onsen han sido históricamente el corazón de la vida comunitaria: espacios de descanso, conversación y cuidado mutuo. En Myojinkan, esta tradición continúa. El canto lejano de un pájaro, la bruma que se enrosca entre las piedras, incluso el peso del aire parecen sincronizarse con quienes se detienen a escuchar. Todo invita a regresar a lo esencial.
Como el aroma persistente de un té recién servido, el recuerdo de Tobira Onsen Myojinkan se queda. Las montañas, el vapor y las historias de dioses susurran un secreto antiguo: la verdadera riqueza se encuentra cuando uno se entrega con atención y gratitud a cada instante.
