
Los grandes viajes europeos tienen una nueva razón para hacerse sobre rieles. La conexión ferroviaria directa entre París y Milán vuelve a funcionar después de la interrupción provocada por los corrimientos de tierra en el valle de Maurienne, recuperando una de las rutas más atractivas para quienes buscan recorrer Europa de una manera cómoda, escénica y mucho más relajada.
Un viaje sin transbordos
Durante los últimos años, viajar directamente entre Francia e Italia por esta ruta no fue posible. El recorrido tuvo que dividirse y los pasajeros debían realizar un transbordo en autobús. El restablecimiento del servicio devuelve la posibilidad de subir al tren en el centro de París y llegar directamente al corazón de Milán.
El trayecto dura aproximadamente siete horas y permite atravesar algunos de los paisajes más espectaculares de los Alpes antes de continuar hacia el norte de Italia. Para el viajero, el traslado deja de sentirse como una parte inevitable del viaje y se convierte en una experiencia en sí misma.

Dos grandes operadores
La conexión cuenta con servicios de dos de los principales protagonistas ferroviarios de Europa. Por el lado francés, TGV INOUI ofrece el recorrido con diferentes opciones de clase, mientras que Frecciarossa, de Trenitalia, también vuelve a conectar ambas ciudades.
TGV INOUI ofrece asientos cómodos, Wi-Fi, entretenimiento y servicio de alimentos y bebidas, además de personal preparado para atender a viajeros internacionales. Frecciarossa, por su parte, cuenta con categorías que van desde Standard hasta Executive, con diferentes niveles de espacio y servicio a bordo.
Esta competencia también representa una ventaja para los viajeros, que pueden comparar horarios, tarifas y niveles de comodidad antes de elegir cómo quieren realizar el trayecto.

El lujo de ver Europa pasar: París, Turín y Milán
Viajar en tren entre París y Milán tiene un encanto que difícilmente puede reproducirse desde un avión. Durante varias horas, el paisaje se convierte en parte del viaje: montañas, valles, pequeñas poblaciones y ciudades aparecen detrás de la ventana mientras uno permanece cómodamente sentado.
También existe una dimensión práctica. Las estaciones están dentro de las ciudades, por lo que se evitan los largos traslados hacia los aeropuertos, los tiempos de espera y buena parte de la logística asociada a volar. La ruta también invita a pensar en Europa de una manera diferente. En lugar de elegir solamente entre París o Milán, el tren permite construir un itinerario que incluya ambas ciudades y, para quienes tengan tiempo, hacer una parada en Turín.
Un viaje puede comenzar entre los grandes museos, restaurantes y hoteles de París, continuar por los paisajes alpinos y detenerse en Turín antes de terminar en Milán, donde esperan el diseño, la moda, el arte y una de las grandes escenas gastronómicas de Italia.

Una nueva manera de viajar
El regreso de esta conexión representa algo más que la recuperación de una ruta ferroviaria. Es parte de una transformación en la manera en que muchos viajeros están recorriendo Europa: menos tiempo perdido en aeropuertos y más tiempo disfrutando del paisaje, las ciudades y el propio trayecto.
Además, el tren ofrece una alternativa con una menor huella ambiental que el avión, especialmente atractiva para quienes buscan incorporar decisiones más sostenibles a sus viajes sin sacrificar comodidad.
Puedes comprar tus boletos aquí: Rail Europe

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