
Variada, auténtica e infinitamente seductora, la gastronomía Argentina es una elaborada danza de sabores y aromas, una sinfonía de texturas, ingredientes y recetas que combinan a la perfección los celebres productos de su hermosa tierra. Desde sus cortes de carne hasta sus vinos, Argentina es un país que le rinde homenaje al arte culinario con cada bocado.
Un portal sensorial a las hedonísticas calles de Buenos Aires, el restaurante La Cabrera nos transporta y enamora. Ubicado en el bello centro comercial Plaza Antara en Polanco, aquí me dejé llevar por la excelencia de su cocina, el alma de su ambiente y la carismática sonrisa del talentoso chef Marcelino Castro.

El chef Marcelino comenzó en la cocina desde los 16 años y ha trabajado en Paraguay y Perú. Enamorado de México, ha traído los sabores de su tierra natal a nuestro alcance, haciéndonos partícipes en su cultura. La historia de la franquicia argentina La Cabrera se remonta al año 2002, cuando su creador, Gastón Riveira, abrió el primer restaurante en el barrio de Palermo, en Buenos Aires.
En la Ciudad de México, esta joya culinaria reinventa el concepto de la parrilla tradicional para lograr algo único en su estilo: platos clásicos e innovadores, la mejor carne argentina, excelentes vinos y una selección de guarniciones, especialmente elaboradas para cada plato y servidas en pequeñas cazuelas.

Tuve el placer de deleitarme en manjares como las empanadas de carne y de elote, el chorizo argentino y un corte de carne rib eye espectacular, jugoso, preparado a la perfección y acompañado de una serie de originales y sabrosas salsas, como el puré de manzana con canela, tapenade de berenjena, compota de tomate, papa con aceite de trufa y el clásico chimichurri.
Para terminar con broche de oro, disfruté de los típicos alfajores argentinos con dulce de leche y cubiertos con chocolate, siendo así transportada a través de los sentidos a la tierra del tango. Una experiencia autentica y deliciosa, La Cabrera es un pedazo de Argentina aquí en México, que enamora a nuestro paladar y queda por siempre plasmado en nuestra memoria.
