
En un lugar de la ciudad donde el bullicio metropolitano baja la voz y se vuelve más cielo que ruido, abrió sus puertas EFE SIETE: un altar moderno al fuego, a la carne y al tiempo. Al cruzar el umbral, el aire cambia, es inmediatamente seductor.
EFE SIETE con su estética que roza el art déco sin nostalgia, combina texturas nobles con una luz tenue que nos incita a volvernos hedonistas. Todo en su interior habla de equilibrio: entre elegancia y comodidad, entre lo clásico y lo audaz, entre la técnica y el alma. Con su enorme cocina abierta es imposible no rendirse ante el ritual lento del asado perfecto.

Un edén para los que somos amantes de la carne, aquí el mar también tiene voz en estas brasas: el pulpo colosal, el pargo entero, el atún Bluefin. Platillos originales y sabrosos, donde nada distrae del producto – todo lo realza. Los acompañamientos, siempre al margen, actúan como acordes bajos en una pieza donde la proteína es la melodía.
Las setas crujientes abren el aptito como una obertura afinada: doradas al límite, etéreas por fuera y profundamente terrenales por dentro, con un toque que roza lo umami. Luego, el hanger steak —ese corte tan perfecto— llega a la mesa como un acto de intimidad entre el fuego y la carne. Su jugosidad es un manifiesto del arte de las brasas.

Las otras con langosta son un bocado breve pero inolvidable: mantecosas, salinas, con la dulzura exacta del mar atrapada entre concha y brasa. Cada una se desliza como un suspiro costero en medio de la ciudad. Tuve el placer de degustar también la socarrat de mariscos; es como si el mar hubiera decidido contar su historia en una sola textura: fondo crujiente, sabores hondos, ecos de azafrán y coral.
La experiencia se extiende hacia la copa: vinos elegidos con tino, cócteles que combinan tradición y trazo de autor. Aquí, las conversaciones fluyen con la misma calma con la que se voltea un corte sobre las brasas. El ambiente es cálido, elegante, urbano y seductor.
El nombre EFE SIETE rinde homenaje al proceso de cruzas necesarias para alcanzar el Wagyu Full Blood (F7), un animal que representa la pureza de raza y el equilibrio perfecto entre marmoleo, suavidad y sabor. Y su nombre también evoca una idea de la perfección que se logra en cada plato.
