Esca: Sabores con lenguaje propio

Cuando el sol se filtra entre hojas verdes y las mesas invitan a largas pausas sin prisa, comienza la magia de Esca. Como quien se cruza con un secreto bien guardado, fui a almorzar a esta impresionante casa, con su arquitectura clásica abrazada por detalles contemporáneos, donde se respira una calma elegante.

Todo está pensado, todo dialoga con buen gusto: los materiales, los colores, la luz. Desde el primer instante, se siente que alguien imaginó este espacio para sentir. Esa mente brillante es Rolly Pavia, creador de momentos, curador de atmósferas, y responsable de que cada rincón de Esca hable un lenguaje propio: el del buen vivir.

Me recibió el murmullo pausado del jardín, ese primer espacio que parece diseñado para las almas que necesitan un respiro entre el caos. Me senté en una mesa bañada por la claridad del jardín interior, rodeada de verdes que parecían crecer al ritmo pausado del ambiente.

El menú, creación del chef Tobías Petzold, es una declaración de intenciones. Aquí se cocina con sensibilidad, con audacia y con memoria. Comencé con la esfera de parmesano con trufa, un bocado cálido, lujoso y preciso, que se deshacía como una promesa cumplida. Luego llegó el kampachi crudo, fresco como una ola inesperada, delicado en sabor, sutil en textura.

El atún en lata fue quizás el platillo más entrañable: una versión refinada y juguetona que transforma el recuerdo humilde de una conserva en una delicia de atún fresco con pimientos, montado con humor y elegancia. El pan con erizo de mar, untuoso y salino, cerró el desfile como un susurro del Mediterráneo: atrevido, limpio, inolvidable.

Para acompañar la comida, la carta líquida de Esca es una experiencia paralela. Una colección extensa de creaciones originales, audaces y profundamente sabrosas. El Giulio Spritz, de un rosa brillante y un toque de acetona que lo vuelve misterioso, es puro estilo. El Optimo Martini, perfumado con Carpano Extra Dry, habla en voz baja, como un secreto elegante que uno quisiera no terminar.

Comer en Esca es entregarse a un momento diseñado con cuidado, sin estridencias, con belleza. Aquí, hasta la luz parece saber que está en un lugar donde todo está hecho para disfrutarse.


Leave a comment