
Con casi tres décadas de experiencia, el chef británico Colin Bedford transforma ingredientes locales en relatos comestibles. Desde el corazón del icónico Beverly Wilshire en Beverly Hills, su cocina es un homenaje a la tradición y una celebración de la innovación.
Detrás de los fogones del legendario Beverly Wilshire, A Four Seasons Hotel, hay una revolución en marcha. No es escandalosa ni evidente: es silenciosa, precisa y profunda. La orquesta la dirige Colin Bedford, chef ejecutivo del hotel, originario de Yeovil, Inglaterra, con una trayectoria que cruza fronteras y culturas.
Con casi 30 años de carrera en Reino Unido, Canadá y Estados Unidos, Bedford ha construido un estilo propio: una mezcla de rigor Michelin, calidez del sur estadounidense y la elegancia sobria de su tierra natal. Bajo su mando están todas las cocinas del hotel, desde el galardonado CUT by Wolfgang Puck hasta el servicio a cuartos, eventos y repostería:
“Cada platillo debe contar una historia. Debe tener alma, identidad y un propósito más allá de lo visual.”
Como todo gran líder, Bedford reconoce que su filosofía no nació de un solo instante, sino de muchas pruebas. Sin embargo, recuerda uno en particular que lo transformó:
“Fue al inicio de mi rol como chef ejecutivo. Estaba implementando un nuevo menú, enfrentando problemas estructurales en el edificio, y tenía un equipo al que apenas conocía. Intenté hacerlo todo yo solo, hasta que entendí que el éxito no se construye en solitario. Aprendí a confiar en mi equipo, a invertir en ellos.”
Esa experiencia le enseñó que la clave no solo está en las recetas, sino en las personas que las ejecutan. Hoy, su enfoque de liderazgo se basa en la empatía, la guía y la constancia:
“Si alguien pudiera hacerlo mejor, lo haría. Mi trabajo es enseñarles cómo.”
Una de las firmas de Bedford es la manera en la que entrelaza su herencia británica con la cocina del sur de Estados Unidos. El resultado: platillos entrañables, reconfortantes y refinados:
“Uno de mis favoritos es el pollo frito con trufas. Tiene el sabor profundo y familiar del sur, pero lo elevamos con un toque de lujo. Lo acompañamos con puré de papa con mantequilla, col de Saboya y una salsa de cebolla caramelizada. Es nostalgia con elegancia.”

Esta capacidad de unir mundos culinarios en un solo platillo refleja su habilidad de conectar tradición con creatividad.
Cocinar en un hotel con casi 100 años de historia implica una gran responsabilidad. Bedford lo sabe y lo honra, sin dejar de explorar nuevos caminos:
“Trabajamos con una filosofía de ‘menos es más’, aprovechando los ingredientes locales de la Costa Oeste. Nos enfocamos en la calidad, no en el artificio. Queremos que cada plato se sienta familiar, pero sorprenda al probarlo.”
Una de sus máximas como chef es que el primer contacto del comensal es visual, pero lo que queda en la memoria es el sabor.
“El primer bocado es con los ojos, pero el sabor es lo que perdura.”

A diferencia de generaciones anteriores, Bedford no cree en la cocina como un campo de batalla, sino como un espacio de crecimiento colectivo:
“Hoy en día, el liderazgo debe ser justo y constante. Prefiero tomar decisiones firmes pero razonables, en lugar de reaccionar con emoción. Trato a mi equipo como me gustaría que me trataran a mí.”
Recuerda una frase que su madre le repetía: “Nunca le pidas a alguien hacer algo que tú no estarías dispuesto a hacer.”
Para él, el secreto del orden en la cocina está en la preparación y previsión. Un servicio exitoso no es casualidad; es planeación, entrenamiento y trabajo en equipo.
Cuando se le pregunta cuál es la historia que más le emociona contar actualmente a través de sus menús, la respuesta es clara:
“Me emociona narrar el encuentro entre la innovación y la tradición. Quiero que los sabores hablen del legado de Beverly Hills, pero también de la diversidad cultural de California. Que cada plato diga: ‘honramos lo que fuimos, pero soñamos con lo que podemos ser’.”

Bedford, que vivió 17 años en la Costa Este, admite que no imaginaba mudarse a California. Pero hoy, estar cerca del Santa Monica Farmers Market y otros productores locales ha cambiado su forma de trabajar:
“Antes ordenaba productos de la Costa Oeste sin imaginar que un día los tendría a unos pasos. Hoy visito personalmente los mercados, conecto con los productores y me inspiro con lo que encuentro. Es un privilegio.”

Para él, cada estación del año es una nueva fuente de creatividad. Otoño y primavera, en particular, le ofrecen ingredientes únicos que dan forma a menús vibrantes, siempre en evolución.
Colin Bedford no busca impresionar con extravagancia, sino emocionar con honestidad. Sus platillos son una carta de amor al oficio, a los ingredientes y a las personas que los convierten en experiencias memorables. Desde una de las cocinas más emblemáticas de Los Ángeles, este chef británico ha hecho de la gastronomía un acto de conexión y de cada platillo, una historia que vale la pena contar.