
En Xiamen, China, lo contemporáneo convive con una memoria profunda, casi susurrada. En ese paisaje de contrastes suaves, el W Xiamen apareció como una pulsación distinta, un latido moderno que no rompe la armonía, sino que la reinterpreta.
Mi experiencia sensorial comenzó en SOUNDSCAPE, un espacio que se define solo por su diseño y por la atmósfera que sabe construir. Allí, el afternoon tea es un juego elegante, una pausa pensada para el placer consciente. En alianza con Michael Kors sobre una impresionante torre dorada, el té se servía con una cadencia casi musical. Aromas florales que ascendían lentamente, envolviendo la mesa en una calma perfumada.
Cada sorbo era una invitación a bajar el ritmo, a escuchar el murmullo del espacio, a dejar que la tarde se estirara un poco más de lo habitual. Los bocados, pequeños y precisos seducían desde el detalle, desde el equilibrio entre lo dulce y lo sutil. Había algo lúdico en su presentación, una complicidad silenciosa con el espíritu del W, siempre dispuesto a reinterpretar lo clásico desde una mirada fresca.

Cuando cayó la noche, el escenario cambió, pero la sensación de fluidez permaneció. En las alturas, el restaurante NINE me recibió con una energía distinta, más expansiva, más viva. La arquitectura del restaurante parecía respirar: vegetación suspendida, líneas abiertas, luz que se mezclaba con sombras suaves. Era un espacio que invitaba a moverse, a mirar, a dejarse llevar.
La cena en NINE fue un recorrido sin rigidez. Estaciones culinarias activas, fuego, vapor, aromas que se cruzaban en el aire como promesas. Había un ritmo orgánico en la manera en que todo sucedía, una sensación de abundancia bien pensada. Cada plato parecía contar una historia distinta, pero todas compartían un mismo lenguaje: respeto por el ingrediente, curiosidad por el mundo, apertura a la mezcla.
Los sabores viajaban. Había referencias claras, pero nunca literales. La cocina se permitía explorar sin perder equilibrio, dialogando con el carácter marítimo de Xiamen y con su herencia de puerto abierto al intercambio. NINE evoluciona a lo largo de la noche, se adapta al pulso de quienes lo habitan.
Tanto SOUNDSCAPE como NINE son extensiones naturales del W Xiamen. Espacios donde todo fluye con una intención clara: estimular sin saturar, sorprender sin desconectar, invitar sin imponer. Xiamen es una ciudad que se mueve con la suavidad del mar que la rodea, donde la historia se asoma sin ruido y la modernidad avanza con elegancia.
