Mujeres Excepcionales: relatos que hacen historia

En un encuentro que trascendió la copa y se convirtió en una conversación profunda sobre identidad, propósito y legado, “Mujeres Excepcionales: relatos que hacen historia”, fue una iniciativa de Monte Xanic que reunió, en una misma mesa, a mujeres que están redefiniendo el presente cultural de México desde la autenticidad y la excelencia.

En la terraza de Carolo, la ciudad quedó suspendida como telón de fondo para una experiencia que se reveló con la misma elegancia que caracteriza a la casa vinícola. Más que un evento, fue un gesto: un reconocimiento a historias que no solo destacan, sino que transforman. Porque, como bien se expresó durante la bienvenida, lo excepcional no es un accidente; es una decisión cotidiana.

Desde hace casi cuatro décadas, Monte Xanic ha construido su camino en el Valle de Guadalupe bajo una filosofía que privilegia la baja intervención, el respeto por el entorno y una búsqueda constante de calidad. Esa misma visión —donde el vino se entiende como cultura, territorio y emoción— fue el hilo conductor de una jornada que puso en el centro a mujeres cuya obra ha dejado huella.

Figuras como Yvonne Venegas, Alma Delia Murillo y Mónica Loya representaron distintas formas de narrar el país, mientras que voces presentes como Alejandra Márquez Abella, Concepción Orvañanos y Andrea Castro recordaron que el liderazgo femenino hoy se construye desde la sensibilidad, la inteligencia y una mirada profundamente contemporánea.

La experiencia sensorial tomó forma a través de una cata cuidadosamente curada, donde seis etiquetas de Monte Xanic se convirtieron en vehículo de expresión. Guiadas por sommeliers como Joanna Vallejo, Blanca Bretón, Laura Santander, Arisbeth Araujo, Romina Argüelles y Sandra Fernández, cada vino fue interpretado desde una perspectiva única, revelando no solo sus matices, sino también la fuerza de una industria que hoy se transforma desde múltiples voces.

Entre copas de Chenin Colombard, Sauvignon Blanc, Chardonnay y Rosé, la conversación fluyó con naturalidad, recordando que el vino —como las historias que ahí se compartieron— se tratan de emoción, de memoria y de las personas que lo hacen posible. Cada intervención, cada palabra, parecía sumar una capa más a esa narrativa colectiva.

La degustación reveló con claridad la versatilidad y el carácter de Monte Xanic a través de etiquetas que dialogan entre frescura y precisión. El Calixa Chardonnay se mostró ligero y accesible, con una expresión frutal que invita a disfrutar sin complicaciones; el Chenin-Colombard destacó por su vivacidad y notas cítricas que despiertan el paladar; mientras que el MX Sauvignon Blanc ofreció una acidez vibrante y una elegancia aromática que lo vuelve profundamente expresivo. El Rosé 2026, por su parte, aportó un matiz más delicado y seductor, con notas frescas y una textura sutil que cerró el recorrido con una sensación ligera, luminosa y perfectamente equilibrada.

Permaneció en mi corazón la sensación de comunidad. Un espacio donde el talento femenino fue celebrado como motor de cambio. En cada historia, en cada trayectoria, hay una afirmación poderosa: la de construir desde la pasión, de transformar desde la autenticidad. En ese cruce entre vino, cultura y mujeres que hacen historia, Monte Xanic reafirma que lo excepcional, en efecto, se construye todos los días.


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