Una celebración del hedonismo cotidiano en Brassi

Una mesa llena, copas que se encuentran, platos que llegan uno detrás de otro y esa sensación de que la comida puede convertirse en una larga sobremesa. Así viví mi visita a Brassi, que celebra su aniversario con un menú pensado para recorrer algunos de los sabores que han convertido al restaurante en uno de esos lugares donde la gente vuelve una y otra vez.

En Polanco, sobre la calle Virgilio, Brassi tiene una energía que se percibe desde el primer momento. Es un restaurante vivo, relajado y sin pretensiones, de esos que consiguen que una comida entre amigos se prolongue naturalmente. Aquí la experiencia se trata de solemnidad del placer de sentarse a la mesa, pedir algo delicioso y dejar que la conversación haga el resto.

El menú de aniversario comienza con una sucesión de pequeños bocados que despiertan el apetito. Los tacos de boquerones con aguacate, chorizo crujiente y salsa verde picante juegan con contrastes muy mexicanos: la frescura del aguacate, la intensidad del chorizo y ese golpe de picante que despierta el paladar.

Después llegaron las tostaditas de atún al ajonjolí y chipotle, marinadas en cítricos y aceite de ajonjolí, sobre una mousse de aguacate y mayonesa de chipotle hecha en casa. El atún aporta frescura, mientras los cítricos levantan el conjunto y el ajonjolí deja ese perfume tostado que permanece discretamente en el paladar.

Los taquitos de short rib, servidos en tortilla de harina con aguacate y una ensaladilla fresca, llevaron la experiencia hacia un registro más goloso. La carne, suave y llena de sabor, encuentra en la frescura de los acompañamientos el equilibrio perfecto. Son de esos tacos que uno disfruta sin demasiados protocolos: se toman con la mano, se muerden y se saborean.

Para el plato fuerte llegó el pulpo con camote, una combinación que reúne la textura firme y delicada del marisco con el dulzor natural del camote. Pero uno de los momentos que más disfruté ocurrió con los camarones a la plancha, preparados directamente en la mesa.

Me encanta cuando la cocina sale de la cocina y se convierte en parte del espectáculo. El aroma de los camarones recién preparados comenzó a envolver la mesa, mientras el plato terminaba frente a nosotros. El sonido, el perfume y la expectativa forman parte del bocado incluso antes de probarlo. Y cuando finalmente llega a la boca, está en su momento exacto: caliente, jugoso y con ese sabor limpio que solamente tiene un buen producto tratado con sencillez.

La cocina de Brassi seduce con su búsqueda evidente por el sabor, por los ingredientes y por esa clase de preparaciones que provocan ganas de seguir comiendo. Es una gastronomía que consiente, que invita a compartir y que entiende perfectamente que parte del placer está en la espontaneidad. Brassi tiene esa familiaridad que hace que uno pueda llegar para un brunch, encontrarse con amigos para comer o simplemente sentarse a tomar un drink mientras la música acompaña la tarde.

Mi experiencia en su menú de aniversario fue, sobre todo, una celebración del hedonismo cotidiano. De esos placeres que no requieren una ocasión extraordinaria: una buena mesa, platos para compartir, sabores que sorprenden, camarones que llegan directamente de la plancha y tiempo suficiente para quedarse.


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