Desde la Dordgone Perigord con Amor: Parte 2

La región de la Dordogne Perigord es un destino donde el tiempo parece detenerse, envolviendo al visitante en un manto de historia, arte y naturaleza. Mi viaje al suroeste de Francia me llevó a la encantadora ciudad de Périgueux, una joya medieval que guarda secretos de siglos de historia. Las callejuelas adoquinadas y las fachadas de piedra, talladas por el paso de los siglos, me conducen sin esfuerzo hacia el alma de una ciudad donde cada rincón tiene algo que contar.

Périgueux es una ciudad que respira historia. Su patrimonio, con influencias tanto galas como romanas, es palpable en cada esquina, y la Cathédrale Saint-Front, con su imponente arquitectura bizantina, se alza como testigo de un pasado glorioso. Al recorrer sus calles, descubro que Périgueux demás de ser un lugar para los amantes de la historia, también un destino que invita a la contemplación, la calma y la reflexión. En el aire flotan los aromas de la tierra, de los mercados, de los productos locales que, con cada estación, transforman la ciudad en un festín para los sentidos.

En mi paso por Périgueux, uno de los lugares que me dejó una huella indeleble fue el Museo Vesunna, un espacio que me transportó a tiempos antiguos con su arquitectura moderna y su fascinante colección. Este museo, ubicado sobre las ruinas de una villa romana, no solo ofrece una visión de la vida cotidiana de la antigua ciudad de Vesunna, sino que también destaca por su estructura innovadora. Diseñado por el arquitecto Jean Nouvel, el museo es una obra de arte en sí mismo: una fusión de lo antiguo y lo moderno, donde los vestigios romanos se encuentran protegidos bajo una elegante envoltura de cristal y acero. Cada sala es una ventana a un pasado vibrante, con exposiciones que permiten tocar y sentir la historia a través de los objetos, las inscripciones y las reconstrucciones digitales que dan vida al pasado. Caminar por sus espacios es sumergirse en el latido de una ciudad que fue próspera y llena de vida, mucho antes de que el reloj marcara la modernidad.

Pero si algo destaca en mi paso por Dordogne es la gastronomía, y, en particular, mi experiencia en el Domaine Gastronomique Richard Lequet. Esta casa de huéspedes se ha convertido en el epicentro de mi aventura culinaria. El Chef Richard Lequet, antiguo chef del restaurante L’Amphitryon en Limoges y discípulo del legendario Alain Ducasse, ha creado en este lugar una sinfonía de sabores que no solo alimentan el cuerpo, sino también el alma. Con una estrella Michelin en su haber, Lequet ha sabido transformar su cocina en un arte intuitivo y estacional que refleja los sabores de la región.

El ambiente en el Domaine Richard Lequet es único: un espacio chic, relajado y, al mismo tiempo, sofisticado, donde cada detalle parece haber sido pensado para ofrecer una experiencia sensorial de principio a fin. Desde el momento en que llego, el lugar me envuelve con una atmósfera cálida, casi íntima, que invita a sentarse, relajarse y disfrutar sin prisas. La decoración es moderna y elegante, sin pretensiones, con una paleta de colores suaves que complementa perfectamente la naturalidad de los ingredientes que Lequet utiliza en sus platos.

La cena, una verdadera celebración de los productos locales, es el clímax de la experiencia. Cada plato es una manifestación de la pasión del chef por los sabores auténticos, los ingredientes frescos de la región y el respeto por la tradición culinaria francesa. El menú degustación es una obra maestra: cada bocado, una explosión de sabores que se combinan en armonía perfecta. Desde los delicados entrantes como el callo de hacha hasta los platos principales como la carne, todo está pensado para sorprender, pero sin perder la esencia de la simplicidad y la elegancia que caracteriza la cocina de Lequet. El foie gras, la trufa, los quesos de la región y los vinos locales acompañan una cena que se convierte en una danza de texturas y aromas, donde cada plato cuenta una historia. La intuición del chef se percibe en cada combinación, en cada detalle, como si estuviera escribiendo una partitura musical, donde los ingredientes son las notas y el paladar el receptor. Al final de la velada, no hay duda: Richard Lequet ha logrado lo que pocos chefs pueden: convertir la comida en una experiencia sensorial que se graba en la memoria.

La estancia en el Domaine no es solo un festín para los sentidos, sino también un refugio para el descanso. Las habitaciones, cálidas y acogedoras, están decoradas con un estilo elegante pero sencillo, sin ostentación, pero llenas de detalles que hacen sentir al visitante como en casa. El jardín, con sus colores otoñales y sus aromas de hierbas frescas, se convierte en el lugar perfecto para una mañana tranquila, donde la única prisa es disfrutar del momento.

Dordogne Perigord, con su combinación única de historia, naturaleza y gastronomía, es un destino que no nos puede dejar indiferentes. Périgueux, con sus vestigios romanos y su vida moderna; el Museo Vesunna, con su capacidad para conectar el pasado con el presente; y el Domaine Richard Lequet, con su cocina intuitiva que celebra los sabores de la tierra, son solo algunas de las razones por las que esta región es una parada imprescindible en cualquier recorrido por Francia.

Con la ayuda del Comité Departamental de Turismo Dordoña Perigord:

 https://www.dordogne-perigord-tourisme.fr 


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