
Una noche mágica en el restaurante Ekilore, el tiempo y el espacio se mezclaron con sabores y ciencia para transportarnos a un destino donde la naturaleza y la aventura se abrazan en un lienzo blanco: Park City, Utah. Entre luces cálidas y una atmósfera íntima, nos sumergimos en una experiencia que habló de gastronomía, de montañas, de nieve y de hospitalidad.
Megan Underwood, con su voz llena de entusiasmo, nos condujo a través de los maravillosos hoteles, restaurantes y las famosas pistas de ski que hacen de Park City un refugio único para los amantes del invierno y el buen vivir, como mi adorado Stein Eriksen Lodge. Su narración tejió paisajes nevados, atardeceres dorados y la calidez de un destino que es a la vez un paraíso natural y un epicentro cultural.
El festín comenzó con croquetas doradas y crujientes que parecían esconder secretos de tradición y modernidad, para continuar con un rabo de toros que se deshacía en el paladar, rico en historia y sabor, y un gazpacho refrescante, vibrante como el aire frío de las montañas. Cada plato del talentoso y carismático Chef Pablo San Román fue un tributo a la tierra y al ingenio culinario, preparándonos para la sorpresa que vendría después.

La cocina molecular tomó el protagonismo en una breve y divertida clase donde, con manos curiosas y sonrisas cómplices, creamos nuestro propio postre. Las técnicas de la ciencia culinaria transformaron ingredientes cotidianos en texturas y sensaciones inesperadas, jugando con el frío y el vapor, desafiando la lógica para despertar asombro y placer en cada bocado.
El momento más mágico llegó cuando Megan nos mostró un experimento único: la creación de la nieve de Park City, esa icónica y reconocida como la mejor del mundo. Con destreza y ciencia, nos reveló cómo, a través de un proceso casi mágico, la nieve toma forma y vida, un símbolo perfecto de un destino donde la pureza de la naturaleza y la innovación humana se encuentran.
Esa noche en Ekilore fue un viaje de sentidos, un encuentro entre la gastronomía, la ciencia y la cultura que nos dejó la piel erizada y el corazón lleno de ganas de descubrir más. Park City, con su nieve inigualable, maravillosos hoteles y su oferta cultural y gastronómica, es una invitación a vivir experiencias que permanecen por siempre en la memoria y en el alma.
