Umbral sensorial: Jin Sha

En la espectacularmente bella ciudad de Hangzhou en China, donde el aire parece perfumado por leyendas y los jardines se vuelven espejos de los dioses, viví una noche que aún llevo conmigo como un susurro delicado: mi cena en Jin Sha, el restaurante que da alma al Four Seasons Hangzhou at West Lake. Un ritual envuelto en la suavidad de las linternas, en la serenidad de los estanques y en ese equilibrio tan chino entre lo humano y lo natural, donde cada sabor parece dialogar con el paisaje.

Entré en Jin Sha como quien atraviesa un umbral hacia otro tiempo. La arquitectura tradicional, elegante sin esfuerzo, abrazaba un salon privado que respiraba quietud; un pequeño universo donde el agua se deslizaba por la ventana con un ritmo pausado, como marcando el compás de la velada.

La visión culinaria estaba a cargo de maestros que han elevado la gastronomía de Zhejiang a una forma de poesía. Bajo el liderazgo de quienes han convertido este lugar en un monumento del fine dining chino, Jin Sha ha conquistado reconocimientos que brillan como medallas antiguas: estrellas, premios, elogios y una muy merecida estrella Michelin.

La cena comenzó con una caricia: una ensalada de aguacate con carne de cangrejo peludo, perfumada con vino Shaoxing. Era fresca, delicada, casi etérea, como si hubiera sido creada para inaugurar la noche con suavidad.

Luego llegaron los langostinos fritos, vestidos con mayonesa de wasabi; una combinación juguetona, alegre, que dejaba una chispa en el paladar. Pero el clímax, el instante en que supe que recordaría esta cena para siempre, llegó con mi plato favorito: carne y hueva de cangrejo peludo salteadas, acompañadas de una tostada tibia y un toque de jengibre. Era un bocado que parecía encender el alma, un homenaje a la temporada, al mar, a la tradición. Cada cucharada era un abrazo cálido, un poema de intensidad y suavidad.

Mientras saboreaba aquellos manjares, pensaba en la manera en que Jin Sha ha sabido trascender fronteras culinarias sin perder su esencia. Sus chefs exploran técnicas diversas, viajan por estaciones cambiantes, transforman ingredientes comunes en experiencias extraordinarias. Quizá por eso el lugar mantiene su brillo en las guías más exigentes, conservando esa estrella que ilumina y que, más que un premio, es un recordatorio de un compromiso profundo con la excelencia y la inspiración.

La velada se completaba con un servicio que parecía coreografiado con ternura: discretos, atentos, casi adivinos. La selección de vinos —y especialmente de huangjiu, tan ligado a esta región— añadía historias y matices, como si cada copa contara un capítulo del majestuoso West Lake. En Jin Sha, todo dialoga: el jardín que se asoma desde las ventanas, la suavidad del lago cercano, la armonía entre los materiales, el aroma a té que flota entre mesas.

Una noche en Jin Sha es un canto a la belleza —una belleza que no se impone, sino que se desliza suavemente por dentro, como un hilo dorado que ilumina el recuerdo. Four Seasons Hangzhou at West Lake se revela como un refugio sutil, casi secreto, donde la hospitalidad se convierte en arte y la calma adquiere textura.


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