Los sabores de la India en Heritage Bistro

Aún danzan en mi paladar los ecos de la India, ese país de aromas embriagadores y sabores que parecen haber sido concebidos por alquimistas del alma. En el corazón vibrante de la Ciudad de México, el hotel Marquis Reforma —esa joya arquitectónica que se asoma con elegancia sobre Paseo de la Reforma— ha abierto por una semana más una ventana sensorial hacia el místico Oriente, convirtiéndose en el escenario de un festival gastronómico que es, en realidad, un viaje íntimo hacia el corazón de la India.

El restaurante Heritage Bistro se transforma estos días hasta el viernes en un templo de especias. El aire se impregna de cúrcuma, clavo, comino… como si una caravana de aromas llegara directamente desde Rajasthan o Kerala. La alianza con la Embajada de la India en México trajo aquí ingredientes y recetas, y trajo trajo espíritu, trajo historia, trajo esa pasión inconfundible que convierte a la cocina india en una celebración de vida.

El menú degustación es una sinfonía en varios actos. Las samosas, crujientes y doradas, se deshacen en la boca como un suspiro de bienvenida. Luego viene el daal makhani, oscuro, profundo, untuoso como una noche sin luna, donde las lentejas y las especias se funden en una caricia cálida. Le sigue el butter chicken, esa danza de pollo en salsa cremosa que ha conquistado al mundo, y el rogan josh, con su rojo intenso, como un atardecer sobre los templos de Varanasi, que envuelve la carne con una pasión que sólo puede describirse como poética.

Y entre cada platillo, la rosa sharbat, una bebida delicada y perfumada que parece hecha de pétalos de amor. Refrescante, sutil, con ese color que recuerda a los saris de las mujeres que caminan por los bazares de Jaipur, con el sol acariciando sus cabellos oscuros.

El postre, el gulas jamun, el que cierra esta odisea con dulzura celestial. Pequeñas esferas de queso fritadas, bañadas en jarabe con cardamomo, que estallan en la boca como secretos bien guardados. Una receta ancestral que lleva en cada mordida una historia, un gesto, una canción olvidada.

El hotel Marquis Reforma se ha consolidado como un refugio para los que somos hedonistas, para los viajeros de alma, para quienes entienden que la vida se saborea. Cada festival, cada experiencia culinaria en sus entrañas, es una promesa cumplida. Su elegancia art déco, sus pasillos silenciosos, sus rincones donde el arte y el buen gusto conversan, son el marco perfecto para este tipo de encuentros donde los sentidos se despiertan y los recuerdos se escriben con tinta de azafrán.

El festival gastronómico de la India se despide este viernes. Aún quedan unos días para dejarse envolver por esta experiencia sensorial, para rendirse ante los sabores de un país que cocina con el corazón.


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