Entre viñedos e historia: mi recorrido por La Rioja

En La Rioja, el vinoes paisaje, historia, arquitectura y una forma de entender el tiempo. Durante mi visita a Haro tuve la oportunidad de recorrer dos bodegas con personalidades muy distintas, Bodegas Manzanos, Terete y Ramón Bilbao, antes de continuar hacia Briones para descubrir el extraordinario Museo Vivanco de la Cultura del Vino. Fue un recorrido que me permitió entender que, en esta región, una copa de vino contiene mucho más de lo que parece.

Bodegas Manzanos: una mirada hacia el futuro

Mi primera parada fue en Bodegas Manzanos, donde la experiencia comienza con una visión contemporánea de la tradición vinícola riojana. La bodega combina tecnología y conocimiento acumulado durante generaciones para elaborar vinos que expresan el carácter de su territorio.

Recorrer sus instalaciones fue descubrir el camino que sigue la uva desde el viñedo hasta la botella, pero también comprender la importancia de evolucionar sin perder de vista los orígenes. En una región donde el vino forma parte de la identidad colectiva, cada familia y cada bodega escribe su propia historia.

La cata fue el momento de unir todas esas piezas. Los aromas, las texturas y las diferencias entre los vinos permitieron apreciar cómo el tiempo y la interpretación de cada productor transforman una misma tierra en expresiones completamente distintas.

Ramón Bilbao: la historia de una gran bodega

En Haro, Ramón Bilbao representa otro capítulo fundamental del vino de Rioja. Su historia está profundamente ligada a esta ciudad y a una región que ha sabido proyectar sus vinos mucho más allá de España.

Durante mi visita descubrí una bodega donde tradición e innovación conviven constantemente. Los procesos han evolucionado, las técnicas se han perfeccionado y la visión ha seguido avanzando, pero el respeto por el viñedo continúa siendo el punto de partida.

Caminar entre barricas tiene algo hipnótico. El silencio, el aroma de la madera y la espera forman parte de un proceso donde nada puede acelerarse. El vino necesita tiempo, y quizá por eso visitar una bodega es también una pequeña lección sobre la paciencia.

Sabor local: Terete

Terete es uno de esos restaurantes que forman parte de la identidad de Haro. Con una historia familiar que se remonta a varias generaciones, su cocina gira alrededor de uno de los grandes rituales gastronómicos de La Rioja: las chuletillas de cordero al sarmiento. Cocinadas sobre las brasas de los sarmientos de vid, adquieren ese aroma ahumado tan característico que conecta directamente la mesa con los viñedos que rodean la región.

Comer en Terete es descubrir una tradición que se mantiene viva a través de la sencillez y el respeto por el producto. Las chuletillas llegan a la mesa con el sabor intenso de las brasas, crujientes por fuera y jugosas por dentro, convertidas en una experiencia imprescindible para entender la gastronomía riojana. Es una cocina sin artificios, donde el fuego, el cordero y el tiempo hacen todo el trabajo.

Vivanco: el vino contado a través de los siglos

Mi recorrido continuó en Briones, donde visité el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, uno de los lugares más fascinantes para comprender la relación entre la humanidad y el vino.

Más allá de una colección dedicada a botellas o a herramientas de producción, el museo propone un viaje por siglos de historia. El vino aparece como parte de las grandes civilizaciones, de sus rituales, de su arte y de su vida cotidiana. Objetos, piezas históricas y referencias artísticas muestran cómo esta bebida ha acompañado al ser humano durante miles de años.

Recorrer sus salas permite cambiar por completo la perspectiva. Después de visitar viñedos y bodegas, entender la dimensión histórica del vino añade otra profundidad a la experiencia. Cada visita contó una historia diferente, pero todas condujeron a la misma conclusión: el vino comienza mucho antes de abrir una botella.


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