
La mañana comenzó con un pequeño ritual que nunca podré olvidar: frente a mí, sobre la mesa, un panal de abeja del que podía extraer directamente la miel. La textura, el aroma y ese dulzor limpio y floral hicieron que un desayuno en UMA Casa se convirtiera en algo mucho más especial que la primera comida del día. Fue un momento de puro hedonismo, de esos placeres sencillos que consiguen despertar todos los sentidos.

En Lomas de Chapultepec, UMA Casa propone una manera diferente de acercarse a la hospitalidad. Desde que se cruza su puerta se percibe una calma particular, casi como si el ritmo de la ciudad quedara afuera. El espacio ha sido concebido alrededor de materiales naturales, texturas y objetos que hablan de México sin recurrir a lo evidente. Todo tiene una intención y, al mismo tiempo, una cierta serenidad que invita a mirar con detenimiento.
La casa es íntima, sofisticada y profundamente sensorial. La luz, las sombras, los materiales y los detalles artesanales construyen atmósferas que se sienten más que se explican. El diseño, a cargo de Claudina Flores, encuentra inspiración en elementos de nuestra tierra y en ingredientes tan cotidianos como la jícama, el zapote, la guanábana, la vainilla o el frijol, transformándolos en una narrativa estética que conecta con nuestras raíces desde una perspectiva contemporánea.
Mientras recorría los espacios, pensaba precisamente en esa relación entre lo cotidiano y lo extraordinario. México está lleno de objetos, sabores y materiales que forman parte de nuestra memoria, pero que adquieren una nueva dimensión cuando alguien los mira con sensibilidad. UMA Casa hace justamente eso: toma aquello que conocemos y lo convierte en una experiencia.
La propuesta tiene esa calidez que asociamos con una mañana en casa: frutas de temporada, jugos frescos, huevos preparados al gusto y una selección de sabores mexicanos. Nada necesita ser estridente para resultar memorable. La seducción está en la frescura, en la calidad de los ingredientes y en la manera pausada de disfrutar cada plato.

Yo elegí la trucha almendrada, una preparación reconfortante y llena de sabor que disfruté especialmente en esa atmósfera tranquila de UMA Casa. Con las ramas de los arboles meciendo suavemente en la brisa y el aroma a café recién hecho en el aire, el tiempo tomó una pausa.
Entre diseño, memoria, sabores mexicanos y el placer casi infantil de extraer nuestra propia miel, UMA Casa consiguió que una mañana cualquiera se sintiera extraordinaria. Esta es una de las formas más deliciosas de comenzar el día: rodeada de belleza, conectada con México y con un poco de miel todavía en los labios.

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