
La magia de Siari se expresa través del silencio, la naturaleza y la sensación de sumergirse en un mundo aparte, en un rincón que parece existir únicamente para quien lo habita. Mi estancia en SIARI, a Ritz-Carlton Reserve, fue una experiencia de de desconexión absoluta. Este es un refugio extraordinario donde el Pacífico, la selva y la cultura wixárika dialogan con una hospitalidad profundamente personalizada.
Un destino donde la naturaleza marca el ritmo
La Riviera Nayarit posee una belleza distinta. El océano se funde con montañas cubiertas de vegetación tropical, mientras playas prácticamente intactas conservan una serenidad cada vez más difícil de encontrar. Aquí, el tiempo parece expandirse. Cada amanecer tiene un color diferente y cada atardecer recuerda por qué esta costa se ha convertido en uno de los destinos más exclusivos de México.

SIARI nace precisamente de ese paisaje. La arquitectura parece emerger de la naturaleza con absoluta discreción. Piedra, madera, fibras naturales y artesanía mexicana construyen espacios contemporáneos que permiten que el verdadero protagonista sea siempre el entorno.
Desde la enorme terraza de mi espectacular suite, la vista se perdía entre la selva y el océano. La playa se convertía en una extensión natural de la terraza, mientras el sonido de las olas acompañaba cada momento del día con una calma difícil de describir.
Las cabañas privadas junto a la alberca
Uno de mis lugares favoritos fue la espectacular alberca exclusiva para adultos. Rodeada por vegetación tropical y con una atmósfera de absoluta tranquilidad, invita a pasar el día entero sin percatarse del paso del tiempo.

Pasé horas en una de sus elegantes cabañas privadas, auténticos refugios donde cada detalle está pensado para prolongar el descanso. Equipadas con una cómoda sala, televisión, espacios para relajarse y servicio personalizado, se convierten en pequeños oasis de privacidad.

La experiencia incluye una botella de vino cuidadosamente seleccionada, snacks preparados durante el día y un masaje relajante que puede disfrutarse sin abandonar la comodidad de la cabaña. Mientras el océano se escuchaba a pocos metros, el tiempo parecía detenerse por completo. Fue una de esas tardes donde el lujo consiste simplemente en tener el privilegio de no mirar el reloj.
Zula: una mirada contemporánea a los sabores de México
La gastronomía ocupa un lugar central dentro de SIARI, y mi primera cena tuvo lugar en Zula by David Castro Hussong, un restaurante donde la cocina mexicana encuentra una interpretación contemporánea profundamente respetuosa con el producto y el territorio.

La velada comenzó con un magnífico ceviche de atún con salsa de chiles toreados, pepino y almendra. La frescura del pescado encontraba un extraordinario contraste con el ligero picor de la salsa, mientras el pepino aportaba ligereza y la almendra una textura delicadamente crujiente que hacía del plato una combinación memorable.
Después llegó una sorprendente coliflor acompañada de mole negro. La intensidad especiada del mole abrazaba delicadamente la dulzura natural de la verdura, logrando un equilibrio lleno de profundidad y elegancia. Cada preparación hablaba del Pacífico mexicano desde una perspectiva refinada, donde la técnica acompaña al ingrediente sin restarle protagonismo.

La cena estuvo acompañada por La Reserva de Bruma, una etiqueta del Valle de Guadalupe que encontró una maravillosa armonía con los sabores del menú. Su elegancia, estructura y complejidad permitían acompañar tanto la intensidad del mole como la frescura del ceviche, confirmando el extraordinario momento que vive actualmente la viticultura mexicana y la sensibilidad con la que SIARI construye su programa enológico.
El comienzo de una experiencia inolvidable
Uno de los aspectos más exquisitos es la figura del mayordomo, quien acompaña la estancia con una hospitalidad intuitiva y extraordinariamente cercana. Anticipa cada momento para volverlo perfecto. Cada detalle fluye con absoluta naturalidad, desde organizar experiencias dentro del resort hasta preparar pequeños momentos que hacen sentir que todo ha sido pensado exclusivamente para cada huésped.
SIARI me sedujo con su forma distinta de entender la hospitalidad. Cada espacio, cada gesto y cada experiencia parecen diseñados para conectarnos con la naturaleza, con la cultura local y con nosotros mismos.

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